Deleite

Es la epoca de cosecha.  Cada año estamos encontrando nuevos árboles y nuevas personas con interés en cosechar el jaboncillo. Muchas veces cuesta convencer la gente que la fruta tiene un valor más allá de la sombra que da.

Así era para una familia que tiene un gran árbol de jaboncillo atrás de su casa. Habían recogido algo de la fruta por la insistencia de su vecino (amigo nuestro) con la promesa que “los gringos” (nosotros) iban a comprarla.  Con poca fé pero una necesidad de ingresos, tenían un costal con 80 libras de fruta esperandonos en la sala de su casa.

Llegamos.  La familia se acercó para presenciar “los gringos” raros que compraban fruta sin valor– Mamá, un hijo de tal vez 10 años, otro de 7 y una niña de 6 añitos.  “¿Pero sabe para que es?” preguntamos. “¿Las han usado?”  Ni idea tenían del tesoro que crecía en el patio de su casa. Para momentos así, empezamos a cargar con nosotros una pequeña botella con media taza de agua adentro.  Juan metió tres o cuatro frutas en el agua y la pasaba a la niña pequeña para sacudir.  Y “vaya”— burbujas. Es jabón.

Generalmente, cuando mostramos a la gente que el jaboncillo en verdad, es jabón, sonrían.  Al menos que su abuela usaba el jaboncillo, son sorprendidos. Pero, nunca había visto una reacción como este niña de 6 años. Empezó a dar saltos de alegría. Su sonrisa era de oreja a oreja. Dio gozo a ver su gozo.

¡Qué bonito sería si nunca perderíamos la habilidad de tener deleite en un nuevo descubrimiento! O de deleitarnos con algo tan pequeño con burbujas en una botella. Pensé que habíamos enseñado algo a una familia ese día, pero creo que, en verdad, era yo quien salía retada.